Hablemos de burnout
Cuando la prisa nos enferma
Para ser consecuente conmigo misma y con lo que comento en este post, esta será la última publicación de 2025. Un té con Laura se toma unas vacaciones de publicar, que no de escribir ni de leeros por aquí, hasta 2026. ¡Os mantendré informados!
Hoy hace justo un año publicaba el artículo La docencia y el burnout donde reflexionaba acerca del síndrome del trabajador quemado entre docentes, un tema recurrente en distintos medios en los últimos meses. Me alegra que el desgaste físico, mental, emocional y psicológico del profesorado parezca haber despertado cierto interés.
Sin embargo, se sigue poniendo el 🔦 foco en lo superficial, en medidas que pretenden resolver a corto plazo un problema estructural. El modelo educativo y de sociedad actual sigue perpetuando situaciones que llevan a los profesores a ser el sostén de la sociedad, porque nuestro estilo de vida acelerado y sobreexigente ha delegado en la escuela responsabilidades que van mucho más allá de enseñar. La prisa, la falta de tiempo y de cuidado parental se han normalizado, y los docentes acaban sosteniendo emocional y socialmente un sistema agotado, que les empuja a pagar sus carencias con su propia salud.
He reflexionado mucho sobre esto en El podcast de Laura. En el episodio 8, Reflexiones sobre educación y burnout, hablaba sobre cómo las influencias externas (como la situación laboral) e internas (nuestros valores y habilidades, por ejemplo) influyen en nuestro bienestar como docentes. Te lo comparto por aquí si te interesa este tema.
En mi entorno cercano hay actualmente cuatro profesores de baja médica por distintos motivos, pero con un nexo común: el agotamiento ante una situación laboral insostenible. Por eso recupero hoy este tema. Aunque ejemplifico con docentes porque es el ámbito que conozco y porque la situación ya es insostenible, lo que comparto aquí es trasladable a cualquier puesto de trabajo o entorno laboral: el desgaste, la sobrecarga y el burnout no son exclusivos de la educación, sino un reflejo de cómo la sociedad y las empresas actuales exigen más de lo que dan.
No soy psicóloga ni técnica en prevención de riesgos laborales. Para eso, contamos con Pepa Sánchez y Celia que podrán corroborar lo que escribo por aquí o corregirme si me equivoco. ¡Os invito, por favor, a hacerlo! Yo hablo de burnout como profesora que pasó por una depresión derivada, en parte, de ese agotamiento. Lo que comparto hoy aquí es el resultado de mis propias indagaciones y experiencia.
Espero que te resulte interesante y me encantará conocer tu opinión.
ESTRÉS, BURNOUT Y DEPRESIÓN
Me gustaría hacer una puntualización muy importante: a menudo se confunden los términos estrés, burnout y depresión y, aunque están interconectados, no son lo mismo. Para ayudarte a entenderlo, te pido que visualices una matriuska de 3 muñequitas: a la más pequeña, la llamaremos estrés; a la de en medio, burnout y a la más grande, depresión. Veámoslo con detenimiento.
El ESTRÉS aparece como respuesta a una sobrecarga puntual. Puedes sentirlo como tensión, nervios o sensación de ir con prisa. Te sientes cansado, pero te acompaña una energía “de alerta” y cierta preocupación por tareas concretas.
Clave:
👉 Cuando el factor estresante desaparece (un examen, una evaluación, un período intenso), te recuperas.
El BURNOUT es estrés crónico no resuelto, ligado al trabajo y al rol profesional. Sientes agotamiento profundo, no sólo físico sino también emocional y mental; comienzas a desarrollar cierta distancia emocional, cinismo o despersonalización por tu trabajo. O tal vez te sobreviene a veces una sensación de ineficacia o de no ser suficiente, que te lleva a una pérdida progresiva del sentido del trabajo. Comienzas a cuestionarte cosas como, ¿Y yo para qué voy a trabajar todos los días, si nadie me escucha? ¿Para qué? ¿Qué sentido tiene lo que hago?
Clave:
👉 Descansar unos días no basta. El malestar, que puede conducir a problemas de salud muy serios, vuelve al pensar en el trabajo, incluso antes de retomarlo.
La DEPRESIÓN es un trastorno del estado de ánimo que afecta a todas las áreas de la vida, no solo al trabajo. Nos lleva a sentir una tristeza persistente, un vacío existencial que nos conduce a una pérdida de interés por casi todo, no sólo por el trabajo. Puede ir asociada a una baja autoestima, desesperanza y llevar al desarrollo de cambios importantes en el sueño, apetito o la energía para hacer las tareas del día a día. La dificultad puede llegar a impedirte disfrutar incluso en vacaciones o del tiempo con tus seres queridos.
Clave:
👉 El malestar no mejora al alejarte del trabajo ( en mi caso de hecho se intensificó durante mi baja laboral hasta que empecé a mejorar ) y se mantiene durante semanas o meses.
‼️Algo importante
Los tres pueden convivir. Un burnout prolongado puede derivar en depresión, y alguien con depresión puede experimentar más estrés laboral. Por eso, si el malestar es intenso, persistente o te incapacita, pedir ayuda profesional es esencial e indispensable. Y aquí quiero decir algo MUY IMPORTANTE: del burnout o de una depresión es extremadamente difícil salir SOLO. Yo diría que es imposible.
No se trata de poner más empeño, o de llenar tu lista con más cosas que hacer, como verte otro vídeo más sobre ser más productivo, u optimizar tu tiempo. Más ejercicio, comer sano, tener momentos para tí… todo eso ayuda muchísimo en la prevención pero puede no ser suficiente si la situación se mantiene en el tiempo.
Esto es lo que a mí más me costó entender, integrar y aceptar de todo este proceso: no se trata de hacer más para salir del burnout, se trata justo de dejar de hacer o de aprender a hacer de manera diferente. Porque déjame ser muy clara: recuperarse no es fácil, ni rápido, ni lineal. Y tal vez sea aún más difícil salir de una depresión. Puede llevar meses. En mi caso fue algo más de un año.
Necesito que entiendas que el burnout no es sólo todo lo que te he descrito arriba: muchas veces, viene provocado por una identidad muy ligada al trabajo que se resquebraja. Por eso no se “arregla” con vacaciones, fuerza de voluntad o pensando en positivo, diciéndote que tú eres capaz si otros también lo son. Más que nada porque los otros tampoco son capaces, ya te lo digo yo😅.
La recuperación suele ser lenta y desigual: hay avances, retrocesos, días en los que parece que todo vuelve a su sitio y otros en los que reaparecen la culpa, el miedo o la sensación de no poder más. Además, muchas personas intentan sanar sin cambiar las dinámicas que las llevaron ahí, lo que lo hace aún más difícil. Otros casos más graves conllevan consecuencias físicas más severas, como desarrollo de cardiopatías o problemas digestivos o musculoesqueléticos que pueden llevar un tiempo de recuperación más largo.
La buena noticia es que sí es posible recuperarse, pero suele requerir tiempo, límites reales, apoyo (personal o profesional) y aprender a relacionarse de otra manera con el trabajo y con una misma. No es volver a ser quien eras antes, sino aprender a no volver a perderte ni caer en las dinámicas a las que te empuja el sistema.
El burnout no es algo que se solucione con dos semanas de baja y un rápido regreso al mismo sistema que te enfermó. Requiere tiempo, trabajo interno y mucha fuerza de voluntad. Aprender a relacionarte nuevamente con el sistema implica aceptar que habrá momentos de caída o pérdida, pero también confiar en que tendrás la fuerza, las herramientas y la seguridad necesarias para volver a tí, para reconectarte contigo misma y, sobre todo, recuperar el poder de decidir qué quieres y qué no en tu vida.
Dos recomendaciones
El próximo sábado 20 de diciembre a las 9.00 am, podrás disfrutar del episodio 18 de El podcast de Laura: Emprendimiento y transformación personal. Reprogramar patrones emocionales para crecer sin burnout, con Pepa Sánchez. El tema principal es la transformación personal en el contexto del emprendimiento, pero tratamos temas como el efecto de las crisis, como la pandemia, en el sistema nervioso o los miedos y creencias que limitan nuestro crecimiento en general. ¡No te lo pierdas porque son casi 90 minutos de sabiduría sobre la mente y los procesos de cambio!
Si después de leer esto y de escuchar los episodios del podcast sospechas que estás sufriendo burnout o conoces a alguien que pueda estar sufriéndolo, lo más importante es no seguir como si nada ni minimizarlo. Algunas cosas que a mí me han ayudado son:
Pedir ayuda profesional. Habla con tu médico de cabecera, un psicólogo o un psiquiatra. No esperes a “poder más”. A veces parar es la única opción. Como me dijo Pepa Sánchez cuando grabamos el episodio para el podcast:
Si no paras tú, te para el cuerpo.
Nombrarlo. Reconocerlo es un paso clave. Recuerda que el burnout no es una falta de capacidad ni de vocación. Puede aparecer la culpa y el juicio pero déjame que te diga algo: estoy convencida de que es una gran oportunidad de comenzar a vivir de otra manera, de tomar conciencia de tí mismo. Puede, incluso, ser un regalo que te haga despertar y empezar a tomar las riendas de tu propia vida.
Revisar tus cargas y límites. Pregúntate con honestidad:
¿Qué estoy sosteniendo que no me corresponde?
¿Dónde estoy diciendo que sí cuando necesito decir que no?
Aprender a poner límites es parte del proceso. Y es completamente normal si no sabes cómo hacerlo. Pero como a todo en esta vida, a eso también se aprende.
Reducir el ritmo (aunque incomode), e incluso, parar. Dormir, comer mejor y bajar la autoexigencia te ayudarán muchísimo, pero es cierto que puede resultar muy incómodo. El cuerpo suele avisar antes que la mente; escucharlo es urgente.
Buscar apoyo y no aislarse. Hablar con alguien de confianza ayuda a salir de la sensación de soledad y fracaso que suele acompañar al burnout. Es el efecto emocional de un sistema que responsabiliza al individuo de un problema colectivo. Por eso, RECUERDA QUE NO ESTÁS SOLO en esto. Hablar con otras personas que hayan estado en esta situación es muy sanador. Por desgracia, hay muchas personas sufriendo lo mismo que tú.
Cuestionar tu entorno laboral. Si sigue siendo tóxico o insostenible, cuidarte también puede implicar cambiar condiciones, pedir adaptaciones o incluso replantearte tu lugar ahí.
Hablar de burnout no es hablar de fragilidad individual, sino de los límites de un sistema que exige más de lo que devuelve. Mientras sigamos normalizando la prisa, la sobreexigencia y la falta de cuidado, seguiremos siendo, como dice Byung-Chul Han, la sociedad del cansancio.
Cuidarse no es rendirse ni es equivalente a fracasar; es un acto de responsabilidad personal y colectiva. Quizá no podamos cambiar el sistema de un día para otro, pero sí podemos empezar por parar para escucharnos, poner límites y dejar de romantizar el sacrificio. Porque ninguna sociedad puede llamarse sana si necesita quemar a quienes educan para poder seguir funcionando.
FELICES FIESTAS A TODOS.
Desde el corazón,
Laura
💡 Por si puede ser de tu interés:
🪄Nuevos servicios - Copywriting con alma | Membresía Escuela Docente
📝 Sección recomendada - La educación en España
🎙️ Episodio 8 - El Podcast de Laura - Reflexiones sobre educación y burnout
📚 Libro recomendado del mes - Radical Acceptance, Tara Brach
🚪 Antes de marcharte, te invito a que te tomes un té aquí y me conozcas un poco mejor.





No soy docente pero he vivido exactamente lo que cuentas.
No hacerle caso al cuerpo me ha traído consecuencias y ahí estoy, recomponiendo mi puzle. Gracias por un artículo tan necesario.
Muy de acuerdo, muchas personas mezclan términos. Sufrí de ansiedad pero ansiedad como transtorno (la enfermedad) con principio de depresión y es un proceso durisímo, díficil, largo y como dices es desigual. Mezclamos la ansiedad y el estrés como un episodio de agobio o abrumador. Pero cuando es la enfermedad es largo, y el burnout no es "estoy quemado/a" es un proceso duro, largo, difícil...